En una newsletter que he leído hoy hablaban sobre algo que he comentado varias veces con compañeros de trabajo, y que cada vez tengo más claro: las personas con las que más a gusto se trabaja son las predecibles. Lo sé. Suena a aburrido, a falta de creatividad, del genialidad…
Pero dale una vuelta.
Parece poca cosa, hasta que descubres lo extraordinariamente raro que es que alguien haga exactamente lo que dijo que iba a hacer. En la fecha que dijo. Con la calidad que prometió. Sin excusas de última hora. Sin emails a las 18:47 del viernes diciendo «oye, que va a ir justo».
Eso no es ser aburrido. Es ser coherente con lo prometido. Se llama confianza.
Y si has trabajado en suficientes equipos y empresas sabes de lo que hablo. Ya sea en startups donde todo es fuego, en scale-ups donde cada trimestre es un sprint de supervivencia, en corporaciones donde mover un pixel requería 3 comités… Gestión de productos, personas, expectativas o egos. Hay un patrón que se repite en todas partes es este:
«El problema no es el problema. Es la sorpresa lo que es un problema.»
- Un deadline que se mueve dos semanas no es grave si lo sabes con margen. Lo grave es enterarte la víspera.
- Un scope que cambia no es el fin del mundo si se comunica a tiempo. Lo que te rompe es descubrirlo cuando ya tienes todo montado y toca rehacer.
- Un stakeholder que cambia de opinión no es raro. Lo que te desgasta es que no te lo cuente y te enteres en la demo delante de todo el equipo.
La sorpresa es el multiplicador del problema. Convierte un contratiempo gestionable en una crisis de confianza. Y la confianza, una vez dañada, es de las cosas más caras de reparar.
Junior, senior, manager: la evolución real
Esto me lleva a una de las diferencias que más claramente he visto entre etapas profesionales. No es una diferencia de salario ni de cargo. Es una diferencia de lo que devuelves cuando recibes algo.
Según lo que decía la newsletter, al principio de tu carrera, lo normal es que recibas problemas y necesites ayuda para resolverlos. Estás aprendiendo. Pero ojo: aquí creo que hay una diferencia enorme entre dos tipos de junior. Está el que espera la solución masticada y el que se busca la vida. El que pregunta «¿cómo hago esto?» y el que pregunta «he probado A y B, no me han funcionado, ¿ves algún otro enfoque?» o el que entre A y B, decide B porque cree que es lo correcto y apuesta por ello. Y creo que aquí coincidiremos todos. Los que valen y los que buscan las empresas son el 2º tipo.
Creo firmemente que los juniors resolutivos son los que ascienden. Porque demostrar que puedes apañártelas con lo que hay, sin drama y sin depender siempre de otros, es la señal más clara de estar listo para el siguiente nivel.
Conforme vas evolucionando en tu carrera y adquieres años de experiencia, empiezas a recibir problemas y devolver opciones. Alguien te plantea un problema y tú vuelves con dos o tres caminos posibles, con sus pros, sus contras y tu recomendación. Esto ya es un salto enorme, y hay gente que no llega a darlo nunca.
Y luego está en último escalón, cuando diriges proyectos o equipos, el juego cambia del todo. Ya no recibes problemas limpios y acotados. Recibes incertidumbre de múltiples sitios a la vez: del negocio, del equipo técnico, de los stakeholders, del mercado, de los usuarios. Niebla densa. Y lo que te toca devolver es: decisiones, previsibilidad y tranquilidad.
En mi caso, siempre me han considerado resolutiva. Si no sabía algo, investigaba, preguntaba, me equivocaba rápido y corregía. Siempre he tomado decisiones y he asumido las consecuencias de ello. No soporto los perfiles senior o managers, que siempre buscan la conformidad de todo el mundo (hasta del portero) para que si la decisión tomada no es la buena, siempre tengan un escudo. Te han dado sus puntos de vista, valóralos, pero la decisión final es tuya que para eso te pagan.
Tranquilidad. Esa es la palabra.
Tu equipo no necesita que sepas todas las respuestas. Necesita que cuando haya ruido, tú seas la señal. Que cuando todo sean dudas, tú pongas foco. Que cuando alguien quiera meter un cambio de última hora, tú protejas al equipo y digas «no, esto va para la siguiente iteración», o «esto es un problema grave, hay que parar lo demás y ponernos todos a ello».
Te pagan por absorber incertidumbre.
Cuanto más senior eres, menos valor reside en, simplemente, hacer tus tareas, y más te pagan por absorber la incertidumbre de los demás.
Al principio de tu carrera crees que el valor está en lo que produces: los wireframes que entregas, las specs que escribes, los tickets que cierras. Y es verdad. Al principio, lo tangible es lo que cuenta, y te crees útil.
Pero según creces, tu valor se vuelve menos visible y más estructural. Ya no se mide por lo que haces, sino por lo que evitas que pase.
- La crisis de última hora que no ocurrió porque anticipaste el riesgo.
- El conflicto entre áreas que no escaló porque lo desactivaste en una conversación de pasillo.
- El proyecto que llegó a producción sin dramas porque gestionaste expectativas durante semanas.
- El equipo que rinde y no se quema porque filtraste el ruido antes de que les llegara.
Nada de eso aparece en un Jira. Nadie te da una medalla por ello. Pero es lo que de verdad distingue a quien dirige de quien ejecuta.
Y si, es muy complejo vender esto en un cv…
Gestionado equipos
Normalmente se trabaja con perfiles muy distintos. Y cuando pasan los años, los compañeros que recuerdas con más cariño o con los que montarías una empresa sin pensarlo 2 veces, no son los más brillantes, ni los más rápidos, ni los que tenían el CV más impresionante. Son aquellos en los que confías.
Los que si decían «el viernes lo tienes», el viernes estaba. Los que si veían un problema, lo levantaban en el momento, no cuando ya no había margen. Los que no prometían lo que no podían cumplir. Los que en una reunión difícil no se escondían. Los que si hay un problema se ponen contigo a buscar soluciones.
Esa gente vale oro. Literalmente. Y hace que las personas no se quieran marchar de una empresa o vuelvan a ella si pueden.
Un equipo donde todo el mundo es impredecible es un equipo agotado, desconfiado y reactivo. Un equipo donde la gente confía puede permitirse soñar a lo grande.
Y esto también aplica hacia arriba. Si eres manager, director, head of lo-que-sea, la confianza que exiges a tu equipo es la misma que tu equipo necesita de ti. No puedes pedir que te avisen con margen si tú cambias las prioridades cada lunes.
Si tú eres impredecible, tu equipo aprenderá a protegerse de ti en lugar de trabajar contigo. Ocultarán problemas hasta que sea demasiado tarde. Te dirán lo que quieres oír. Y entonces la sorpresa —esa que tanto daño hace— se convertirá en la norma.
Gestionar equipos es dar seguridad cuando todo lo demás tiembla.
No es glamuroso. Pero funciona.
Si eres junior: sé resolutivo. Búscate la vida. Pregunta, equivócate, investiga, pero no esperes a que te den las respuestas masticadas. La gente que se apaña desde el principio es la que crece. Y siempre que decidas algo, ten tus razones, expónlas y cree en ellas. Pero toma decisiones, aunque en este nivel sean pequeñas.
Si eres mid o senior: no solo resuelvas problemas. Ofrece opciones. Y avisa pronto cuando algo se tuerce.
Si gestionas equipos: tu trabajo no es hacer. Es absorber incertidumbre para que otros puedan hacer el suyo. Dar confianza.
Porque al final, el problema no suele ser el problema.
Es la sorpresa.
Y mira, esto no va solo de trabajo. Porque si lo piensas, la previsibilidad es también una de las cosas más valiosas en una pareja. Saber que la otra persona va a estar ahí cuando dijo que estaría. Que hace lo que dice. Que no te despiertas un día con un «necesito tiempo» que no venía en el planning.
Las relaciones se construyen sobre confianza, y la confianza no es más que previsibilidad sostenida en el tiempo. Saber que el otro no te va a sorprender con una retirada a tiempo. Que cuando hay un problema, se habla. Que no hay bombas debajo de la almohada.
En el trabajo y en el amor, busca gente comprometida y de confianza. El drama déjalo para las series.
¿Te habías parado a pensarlo? ¿Qué valoras más en la gente con la que trabajas: el talento puro o la fiabilidad? ¿Eras de los juniors que se buscaban la vida o de los que esperaban instrucciones? Me encantaría leer tu experiencia en los comentarios.