Adriano Olivetti: el empresario que hoy nos parece de otro mundo

Llevo un tiempo dándole vueltas a por qué parece ser tan difícil crear una empresa que beneficie a todos, a empresario, trabajadores, comunidad…

¿O es que se empieza con esos ideales y la codicia te acaba corrompiendo?

Cada semana veo en LinkedIn a alguien celebrando el último movimiento de Elon Musk, o compartiendo la frase motivacional de turno de Jeff Bezos, o aplaudiendo los despidos «estratégicos» como si fueran jugadas maestras.

Y no puedo evitar pensar: hubo un tiempo en que ser empresario significaba algo completamente distinto.

Seguro que muchos conoceis la historia de Adriano Olivetti, un empresario italiano que dirigió una de las empresas tecnológicas más importantes de Europa a mediados del siglo XX. Y no, no es que fuera perfecto ni que viviera en un mundo de unicornios.

Pero cuando comparas sus principios con los de los multimillonarios tech de hoy… la diferencia duele.

Quién fue Adriano Olivetti

Adriano nació en 1901 en Ivrea, una ciudad del norte de Italia. Su padre, Camillo, había fundado la empresa Olivetti en 1908 fabricando máquinas de escribir. Adriano creció entre engranajes, talleres y obreros. Pero en lugar de quedarse solo con la parte técnica, estudió ingeniería y se obsesionó con algo que la mayoría de empresarios de su época (y de la nuestra) ignoran: cómo afecta el trabajo a la vida de las personas que lo hacen.

En 1932 tomó las riendas de la empresa familiar. Y lo que hizo a partir de ahí no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver hoy.

Olivetti convirtió su fábrica en un experimento social y cultural a gran escala. No era solo una empresa que fabricaba máquinas.

Era un ecosistema donde el diseño, la arquitectura, la cultura y el bienestar de los trabajadores eran tan importantes como los beneficios.

Los principios de Olivetti (y por qué suenan a ciencia ficción)

Vamos a repasar los principios fundamentales con los que Olivetti dirigió su empresa, porque creo que merece la pena verlos para entender la magnitud de lo que proponía.

1. La empresa existe para servir a la comunidad, no al revés

Olivetti tenía claro que los beneficios no eran el fin, sino el medio. El dinero que generaba la empresa debía reinvertirse en mejorar la vida de los trabajadores y de la comunidad que la rodeaba. No era filantropía de cara a la galería. Era la razón de ser del negocio.

«La fábrica no puede mirar solo el índice de beneficios. Debe distribuir riqueza, cultura, servicios, democracia.» — Adriano Olivetti

2. Los trabajadores son personas, no recursos

Olivetti pagó a sus trabajadores salarios muy por encima de la media del sector industrial italiano.

Pero eso era solo el principio.

Construyó viviendas dignas para los empleados y sus familias, creó guarderías y escuelas dentro del ecosistema de la empresa, montó bibliotecas, cines y centros culturales abiertos a los trabajadores, estableció servicios médicos gratuitos para empleados, redujo la jornada laboral antes de que fuera obligatorio por ley, y dio permisos de maternidad décadas antes de que existiera legislación al respecto.

No eran «beneficios sociales» para retener talento ni una estrategia de employer branding.

Era una convicción profunda de que si la empresa genera riqueza, esa riqueza le pertenece también a quien la produce.

3. El diseño y la belleza importan

Aquí es donde Olivetti conecta directamente con lo que hacemos los que trabajamos en producto y diseño. Adriano estaba convencido de que un producto bien diseñado no solo funciona mejor, sino que dignifica a quien lo usa y a quien lo fabrica.

Contrató a los mejores arquitectos, diseñadores y artistas de Italia para diseñar las fábricas (la fábrica de Ivrea es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), los productos, (las máquinas de escribir Olivetti eran objetos de arte funcional; la Lettera 32 y la Valentine son iconos del diseño industrial) y para diseñar la comunicación (los carteles publicitarios de Olivetti los firmaban artistas como Giovanni Pintori).

El resultado era coherente: todo lo que tocaba Olivetti era bello, funcional y humano. El producto, el espacio de trabajo, la experiencia del empleado. Todo.

4. La innovación debe servir a las personas

Su equipo desarrolló el Programma 101, considerado el primer ordenador personal de escritorio de la historia, presentado en 1965. Cinco años antes de que nadie supiera que necesitaba un ordenador en su mesa.

Olivetti no innovaba por innovar.

Pero la diferencia con la innovación actual es el para qué. Olivetti no quería vender millones de unidades. Quería hacer herramientas útiles que dieran autonomía a las personas.

5. Cultura, no solo capital

Adriano contrató a escritores, poetas, sociólogos y filósofos para trabajar en Olivetti. No como decoración ni como departamento de RSC. Los puso a pensar sobre el impacto social de la tecnología, sobre urbanismo, sobre educación.

Creía que una empresa tecnológica tenía la responsabilidad de entender el mundo que estaba cambiando.

Y ahora miremos a los «genios» de hoy

Vamos a poner en contexto lo que acabamos de leer con lo que vemos cada día en las noticias tech.

Elon Musk: el «visionario» que duerme en la fábrica

Musk es probablemente el ejemplo más extremo del tecnócrata contemporáneo. Su narrativa es clara: él es el genio, los demás son piezas reemplazables. Los despidos masivos en Twitter/X echaron al 80% de la plantilla sin pestañear. No era reestructuración; era una demostración de poder.

Las condiciones laborales en Tesla y SpaceX han sido denunciadas repetidamente por empleados y sindicatos. La glorificación del presentismo (dormir en la fábrica) no es compromiso, es un modelo tóxico que espera que los demás hagan lo mismo.

Y hay cero interés en la comunidad local: sus fábricas no construyen barrios, no financian escuelas, no crean cultura. Extraen talento y lo exprimen.

Olivetti construía viviendas para sus trabajadores. Musk les pide que duerman en la oficina.

Jeff Bezos: la logística por encima de las personas

Amazon es una máquina perfecta de eficiencia. Y eso es exactamente el problema. Los trabajadores de los almacenes de Amazon orinan en botellas porque no tienen tiempo para ir al baño —esto está documentado—.

El sistema de monitorización y despido automatizado trata a los empleados como engranajes de una cadena de montaje. Bezos tiene una fortuna personal de más de 250.000 millones de dólares, una de las 4 personas más ricas del mundo, mientras sus empleados de almacén cobran el mínimo para sobrevivir o subcontrata empresas de repartidores.

Y la contribución fiscal de Amazon a las comunidades donde opera es ridículamente baja gracias a ingeniería fiscal agresiva.

Olivetti redistribuía los beneficios. Bezos los acumula.

Mark Zuckerberg: moverse rápido y romper cosas (incluidas las personas)

El famoso lema de Facebook resume perfectamente la filosofía: «Move fast and break things».

El problema es que las «cosas» que rompen son vidas reales. Los despidos de 11.000 personas en 2022 y otros 10.000 en 2023 se comunicaron por email, sin aviso, sin transición, sin humanidad.

El modelo de negocio se basa en el capitalismo de vigilancia: monetizar la atención y los datos personales de miles de millones de personas. Y los informes internos de Facebook (filtrados por Frances Haugen) demuestran que sabían que Instagram dañaba la salud mental de los adolescentes y no hicieron nada.

Olivetti contrataba filósofos para pensar en el impacto de la tecnología. Zuckerberg contrata abogados para minimizar la responsabilidad.

Sam Altman y la carrera por la IA

El CEO de OpenAI representa una variante más reciente del mismo patrón. Fundó OpenAI como una organización sin ánimo de lucro «para beneficio de toda la humanidad» y ahora está en plena transición a una estructura con ánimo de lucro valorada en cientos de miles de millones.

La narrativa de «estamos salvando al mundo» convive con el entrenamiento de modelos con trabajo precario de etiquetadores en Kenia cobrando menos de 2 dólares por hora.

Y la carrera por la supremacía en IA avanza sin ningún interés real en las consecuencias medioambientales que provocan los centros de datos.

Olivetti presentó el primer ordenador personal pensando en cómo serviría a las personas. Altman presenta GPT pensando en cómo valorará Wall Street la siguiente ronda.

Alex Karp y Peter Thiel: Palantir y como monetizar el control IA

Y llegamos a Palantir que personalmente me pone los pelos de punta. Porque aqui ya no hablamos solo de condiciones laborales o de acumulación de riqueza. 

Peter Thiel, cofundador de Palantir, lo dejo clarísimo en 2009: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles.» Tal cual. El mismo año publico un ensayo argumentando que dar el derecho a voto a las mujeres fue un golpe contra el libertarismo.

Su filosofía empresarial se resume en otra de sus frases celebres: «La competencia es para perdedores.» Lo que busca son monopolios. Poder absoluto. Sin contrapesos.

Alex Karp, CEO de Palantir, tiene un perfil poco habitual en Silicon Valley: estudió Derecho en Stanford y se doctoró en filosofía/teoría social en la Universidad Goethe de Frankfurt. Precisamente por eso llaman la atención algunas de sus declaraciones recientes sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral.

  • En enero de 2026, en el Foro Económico Mundial de Davos, declaro que la IA «destruirá los empleos de humanidades». Textualmente: «Fuiste a una universidad de elite y estudiaste filosofia —me pongo yo como ejemplo—, esperemos que tengas alguna otra habilidad, porque esa va a ser dificil de vender.»
  • En una entrevista con Axios, fue aun mas directo: «Si eres el tipo de persona que habria ido a Yale, con un CI clásicamente alto y conocimiento generalizado pero no especifico… estas jodido.»
  • Su vision del futuro laboral: «Básicamente hay dos formas de saber que tienes futuro: una, tienes formacion profesional. Dos, eres neurodivergente.»
  • Y durante una gira promocional de su libro, cuando Andrew Sorkin le pregunto cual era su «propósito inferior», Karp respondió: «Me encanta la idea de coger un dron y rociar con orina ligeramente laminada con fentanilo a los analistas que intentaron jodernos.» Lo dijo en publico, grabado.

Luego está lo que Palantir hace.

La empresa tiene contratos multimillonarios con el ICE (la agencia de inmigración de EE.UU.) para construir sistemas de vigilancia masiva. Su plataforma «ImmigrationOS» ofrece «visibilidad en tiempo real» del «ciclo de vida de la inmigración». En febrero de 2026, el Departamento de Seguridad Nacional firmo un contrato de 1.000 millones de dólares con Palantir para apoyar la política migratoria.

Ex-empleados de Palantir han denunciado públicamente la «retórica cada vez mas violenta» de la empresa y como Karp presume de que sus herramientas «se usan para matar enemigos». 

Olivetti contrato filósofos para pensar en como la tecnología afecta a la sociedad. Karp estudio filosofía y la usa para justificar que la tecnología destruya a la sociedad. La ironía seria divertida si no fuera aterradora.

Olivetti construía viviendas para inmigrantes del sur de Italia que venían a trabajar a sus fabricas en Ivrea. Palantir construye software para rastrear, localizar y deportar inmigrantes.

Que dos empresas tecnológicas puedan tener propósitos tan opuestos dice mucho sobre que la tecnología no es neutra. Nunca lo fue.

Resumen

Principio Adriano Olivetti Tecnócratas actuales
Propósito de la empresa Servir a la comunidad Maximizar el valor para el accionista
Relación con los trabajadores Salarios altos, viviendas, cultura, cuidado «Recursos humanos» optimizables y prescindibles
Diseño y producto Belleza como responsabilidad Diseño como herramienta de conversión y adicción
Innovación Para dar autonomía a las personas Para capturar mercados y datos
Beneficios Redistribuidos a empleados y comunidad Acumulados en patrimonio personal y stock buybacks
Cultura Poetas, arquitectos, filósofos en plantilla Growth hackers, data scientists, abogados fiscalistas
Relación con la comunidad local Construcción de viviendas, escuelas, hospitales Ingeniería fiscal para pagar lo mínimo posible
Legado Ivrea es Patrimonio de la Humanidad Ciudades fantasma cuando la empresa se muda

Por qué esto importa para los que hacemos producto

Si trabajas en producto, en diseño o en tecnología, esto no es solo una lección de historia. Es una pregunta que deberías hacerte cada día: para qué estamos construyendo esto y para quién.

Olivetti demostró que se puede ser innovador, rentable y humano al mismo tiempo. Su empresa era competitiva internacionalmente. Exportaba a todo el mundo. Sus productos ganaban premios de diseño. Y aun así, pagaba los mejores salarios, construía los mejores espacios de trabajo y reinvertía en la comunidad.

La excusa de «es que el mercado no lo permite» es exactamente eso: una excusa. Lo que no lo permite es la codicia disfrazada de eficiencia.

Hoy celebramos a empresarios que despiden a miles de personas y ven cómo sube su cotización en bolsa, que diseñan productos para maximizar la adicción en lugar de la utilidad, que acumulan fortunas personales obscenas mientras sus empleados viven al límite, y que usan la palabra «misión» como herramienta de marketing, no como brújula real.

Y lo peor: la sociedad los admira.

La pregunta incómoda

Olivetti no era perfecto. Era un hombre de su tiempo, con sus contradicciones. El paternalismo industrial tiene sus sombras. Y su empresa, tras su muerte, no supo adaptarse y acabó siendo absorbida.

Murió en 1960, en un tren, con 58 años. Murió pobre para los estándares de lo que su empresa generaba. No acumuló fortuna personal. No tenía yates ni islas privadas.

Estos millonarios podrían erradicar el hambre del mundo. Pero no.

¿Por qué hemos aceptado que la única forma de hacer empresa tecnológica es la de Musk, Bezos o Zuckerberg? 

Olivetti demostró que hay otra forma. Una forma donde el producto es bello, el negocio es rentable, los trabajadores son respetados y la comunidad sale ganando.

Que seamos incapaces de imaginarlo hoy dice más de nosotros que de él.


¿Y a ti, qué te parece? ¿Crees que el modelo Olivetti es replicable hoy en día, o estamos demasiado metidos en la lógica del «shareholder value» como para salir de ahí? Me encantaría leer tu opinión en los comentarios.

Si te ha gustado, comparte. Que se conozca a Olivetti tanto como se conoce a Musk. Al menos.


Para saber más

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